Política

La bota en el tablero y la física cuántica

noviembre 23, 2016

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.


¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?


Ajedrez
Jorge Luis Borges

Intento imaginar cómo sería jugar ajedrez en un tablero ubicado en el microcosmos dónde rigen las leyes de la física cuántica. No sé cuáles podrían ser las reglas, pues una pieza podría ocupar dos posiciones distintas a la vez. ¿Cómo dar jaque mate si el rey negro, estaría a la vez en dos cuadros diferentes? Y el caballo que intento mover se convertiría de pronto en una intangible onda, imposible de asir. Además de que la configuración del tablero cambiaría de manera probabilista de un momento a otro. Todo vibra, se materializa y se transforma en etéreas ondas en un vaivén continuo. También puede suceder que alguna pieza ajena al tablero surja fantasmagóricamente desde abajo del mismo, por el efecto túnel como lo llaman los físicos.

Pienso que posiblemente el tablero de la política en México, que casi siempre se reduce al tablero electoral, podría convertirse en un tablero con estas características. La reflexión me surge debido a la reciente propuesta zapatista de proponer como candidata independiente a la presidencia de la República a una mujer indígena, lo cual ha provocada airadas reacciones de quienes acostumbran jugar al ajedrez político electoral bajo las reglas convencionales y en un tablero sujeto a las leyes de la mecánica clásica. Más aún, casi siempre se juega sabiendo quien será el ganador pero al final todos ganan aunque sea un premio de consolación: al menos una pluri, carnal.

No sé por qué tanto escándalo por postular a una mujer indígena como candidato independiente, si hasta El Bronco y Jorge Castañeda se han lanzado en esa condición.

Encuentro una explicación en un texto presentado por el entonces subcomandante Marcos en el Encuentro Intercultural "Los caminos de la dignidad: derechos indígenas, memoria y patrimonio cultural", celebrado en marzo del 2011. Empleando a manera de epígrafe un poema de Borges, Marcos -amanuense de Durito- relata el cuento El otro jugador que, para mí, esclarece la posición actual del EZLN y bases que lo acompañan. Dice así:

"Un grupo de jugadores se encuentra enfrascado en un importante juego de ajedrez de alta escuela. Un indígena se acerca, observa y pregunta que qué es lo que están jugando. Nadie le responde. El indígena se acerca al tablero y contempla la posición de las piezas, el rostro serio y ceñudo de los jugadores, la actitud expectante de quienes los rodean. Repite su pregunta. Alguno de los jugadores se toma la molestia de responder: "Es algo que no podrías entender, es un juego para gente importante y sabia". El indígena guarda silencio y continúa observando el tablero y los movimientos de los contrincantes. Después de un tiempo, aventura otra pregunta: "¿Y para qué juegan si ya saben quién va a ganar?". El mismo jugador que le respondió antes le dice: "Nunca entenderás, esto es para especialistas, está fuera de tu alcance intelectual". El indígena no dice nada. Sigue mirando y se va. Al poco tiempo regresa trayendo algo consigo. Sin decir más se acerca a la mesa de juego y pone en medio del tablero una bota vieja y llena de lodo. Los jugadores se desconciertan y lo miran con enojo. El indígena sonríe maliciosamente mientras pregunta: ¿Jaque?"

Más claro ni el agua, pero habrá que tomar en cuenta el comentario añadido.

Continúa Marcos: Yo sé que en estos tiempos de modernidad, donde los coeficientes intelectuales son sustituidos por las cuentas bancarias, la poesía por los spots publicitarios, y la ciencia por la diarrea verbal, hablar de sueños no deja de sonar anacrónico.

Sin embargo, la lucha de los pueblos indios por su dignidad es fundamentalmente un sueño, eso sí, es un sueño muy otro.

La lucha indígena en México es un sueño que no sólo sueña el mañana que incluya el color de la tierra, también, y sobre todo, es un sueño que lucha para apremiar el despertar de ese mañana.

Los pueblos indios resurgimos precisamente cuando lo que nos niega parece más fuerte y sólido. Y es que precisamente nuestro sueño adivina ya que los monumentos que el neoliberalismo se autoerige, no son sino ruinas futuras.

En la lucha por la dignidad, se da una vuelta parecida al pasado, pero, y esto es fundamental, el horizonte final es el futuro.

Los intelectuales neoliberales, a diferencia de sus antecesores, han renunciado a la iniciativa histórica y ya no anuncian el futuro. No porque no alcancen a verlo, sino porque lo temen.

La clave del cuento "El Otro Jugador" no está en la vieja bota llena de lodo que interrumpe y subvierte el ajedrez mediático de los señores del poder y del dinero, y el juego que hay entre quienes han hecho de la política el arte de la simulación y el engaño. Lo esencial está en la sonrisa que sonríe el indígena, y es que algo sabe. Sabe que falta ahí el otro jugador que es él y el otro que no es él pero que también es otro y falta. Pero sobre todo, sabe que no es cierto que la lucha ha terminado y que hemos perdido. Sabe que apenas ha comenzado. Y lo sabe no porque sabe, sino porque sueña.

En suma, los indígenas no somos parte del ayer, somos parte del mañana.

Y puesto que botas, cultura y mañanas, recordamos lo que escribimos hace tiempo, mirando hacia atrás y soñando hacia delante:

"Una bota es una bota que se equivocó de camino y que busca ser lo que toda bota anhela, es decir, un pie desnudo".

Y viene a cuento porque en el mañana que soñamos no habrá botas, ni vaqueras ni militares, sino pies desnudos, que es como se deben tener los pies cuando la mañana apenas comienza.

En resumen: la propuesta zapatista es como mover el tablero del marco de la mecánica clásica al de la cuántica, de la que poco saben los neoliberales. De ahí el desconcierto y la alharaca ■