Política

Entre Columnas

noviembre 16, 2016

Asedio y alternancia

Detrás del gobierno visible se haya entronizado un gobierno invisible que no debe lealtad a nadie y no reconoce ninguna responsabilidad hacia el pueblo. Destruir este gobierno invisible, denunciar la blasfema alianza entre la corrupción económica y la corrupción política es la principal tarea del estadista de nuestros días.

Theodore Roosevelt.

os vacíos de gobierno en Veracruz junto con los hartazgos y enojos sociales arrastran una peligrosa espirar de ingobernabilidad manifiestada en desórdenes que escalan ante la falta evidente de capacidad de respuesta de las autoridades; pareciera que en este momento ya hay mínima o nula atención a los múltiples reclamos sociales.

Los hechos de Catemaco, las permanentes tomas de dependencias públicas, bloqueos de calles y carreteras, se han convertido en la cotidianeidad veracruzana enmedio del arribo del "gobierno de la alternancia", lo que puede sugerir las presiones que le sobrevienen tras 12 años de simulaciones y saqueos.

Como se respira el ambiente veracruzano, pesado, contaminado y de rio revuelto, presionado por hechos y rumores que alimentan la incertidumbre, que abonan en el descontento, pone de manifiesto la lucha soterrada de los perdedores, de los que se van. Se trata de una estrategia negra para obstruir, manchar y desdibujar lo que tenga de bueno la alternancia, lo que pueda ayudar a mejorar el ambiente social.

Esta es sin duda una alternancia muy complicada, por lo que hicieron y seguramente por lo que seguirán haciendo los perseguidos, serán dos años bajo asedio, no solo por el entendible y bienvenido escrutinio público rebosante de dudas y prejuicios, sino principalmente por las actuales desastrosas condiciones del estado y la cauda de problemas y consecuencias de mediano y largo plazo que tendrán que enfrentarse.

Nadie en sano juicio de los actores políticos locales podría, salvo el gobernador interino que dice que no sabía, llamarse a no estar al corriente del nivel de suciedad existente en los procesos llevados a cabo de las 2 últimas administraciones enseñoreadas en la corrupción y la impunidad, donde el enriquecimiento de una clase política ávida de recursos sin resquemor alguno, fue generando variados y graves problemas.

El presente grado de conflicto sin duda pone en entredicho el escenario de reconocimiento y oportunidad que debiera concitar la llegada de un gobierno de alternancia validado por las urnas, que ha postulado su empeño en concretar los cambios a los que aspiran millones de veracruzanos.

Por un lado el merecido escarnio público hacia el gobierno saliente que tuvo que fugarse enmascarado en una licencia al cargo antes de ser aprehendido por sus crímenes, dejando tras de sí una sociedad harta, desconfiada, intransigente.

Se trata del ejercicio público y de poder que no solo recibe las arcas vacías, la inseguridad desatada o el agotamiento social, la pobreza y la falta de oportunidades, recibe también el escrutinio social más beligerante, la presión de una sociedad que quiere, que demanda resultados que brinden mejoría palpable en el corto plazo, recibe la desconfianza y el recelo de algunos y la esperanza de otros.

Por el otro, los grupos fácticos y de presión, ligados a las viejas prácticas y beneficiarios de las canonjías de un quehacer político corruptor, ahora mismo azuzan con el conflicto y alzan la mano ante los que llegan, jugando rudo para exacerbar los ánimos sociales, buscando definir su agenda de intereses a los que habrá que poner coto.

El bono puesto en las manos de los nuevos actores en el ejercicio de los poderes legislativo y ejecutivo tiene, por su corta duración, la exigencia de hacer diferencia en las acciones públicas en forma expedita. La vigencia del escenario es de veloz caducidad, por lo que no deja mucho margen a las equivocaciones ni a permitirse conductas que reediten vicios en moldes y colores distintos.

Tener la capacidad de comprometerse con darle salida a los problemas existentes partirá de leer bien y analizar mejor que nuestras circunstancias son muy complicadas y que sencillamente el horno no está para bollos.

De la bitácora de la tía Queta

Lo de Javier Duarte y su posible regreso no sirve ni para la broma ni para la vacilada.