Política

ECP*

noviembre 09, 2016

◗ Publiceidad, la naturaleza pública del Estado

Terminó mal, como se sabe, la reunión que el gobernador Flavino Ríos tuvo con los alcaldes movilizados el domingo pasado. Una reunión que se preveía sería tensa por la imposibilidad de que el gobierno en funciones hiciera llegar dinero a los municipios. Para mal del gobierno que carga con los fardos de la insolvencia y la imposibilidad de hacer , la mecha que traía era inconvenientemente corta. Tomó los adjetivos dirigidos al gobierno como personales y se irritó, la presión de ser grabado y transmitido desde un teléfono celular le resultó imposible de superar. Flavino Ríos y Pellegrín abandonaron ríspidos y ofendidos la reunión.

Craso error que expone los reflejos autoritarios esenciales que impiden la definición y encuentro de cualquier tipo de coincidencia y desde luego solución.

Lo significativo del abandono de la mesa –y con ello de la sede de Casa Veracruz– fue lo improcesable que les resultó a las autoridades estatales el hecho de ser grabados y transmitidos en vivo. Tomaron como afrenta lo que es un ejercicio elemental de transparencia. Un asunto público de la mayor importancia que merece ser tratado y ventilado en público dadas las evidentes imposibilidades del gobierno en funciones para arreglar algo. Los alcaldes no sólo estaban en su derecho de hacer pública la reunión, sino que por las condiciones estaban en la obligación de hacerlo.

El gobernador lo tomó personal y perdió una espléndida oportunidad de comunicar la dimensión de la gravedad de las cosas a los veracruzanos. Si desconfiaba del operador de la cámara, siempre podía haber puesto a cualquier de sus asistentes a transmitir en vivo la reunión. ¿Porqué no lo hizo? Lo más probable es que la irritación lo haya rebasado, pero el detalle revela las serias impedimentas de quienes ejercen poder desde el esquema priista para reconocer públicamente la realidad tal cual es cuando ésta les resulta adversa.

Una mentalidad que, por el contrario, les permite y casi exige ser tolerantes y omisos con las tropelías del sistema y de quienes tienen poder en ese sistema. Flavino Ríos tuvo la ocasión –brindada por quienes lo confrontan– de dirigirse a los gobernados veracruzanos y plantearles directamente la situación. La perdió porque la irritación lo rebasó.

Si habrá o no otras reuniones es incierto, pero las plataformas de transmisión por internet en vivo son un inapreciable instrumento para garantizar la trasparencia de los acuerdos gubernamentales y evitar los arreglos informales. Esto es un lección para todos, gobernantes y gobernados.

Ahora, lo más probable es que sea cierto que el gobierno simplemente no tiene dinero para pagar. Eso que no quiere decir que se cruce de brazos a dejar pasar los días que restan de gobierno. Un mínimo de sentido de responsabilidad y sentimiento de pertenencia a Veracruz debiera impulsarlo a hacer los imposible para sacar al gobierno federal de la tontería planteada por el secretario de Hacienda en el sentido de que se puede pedir prestado para salir del problema. Piedad. Como si las contrataciones de deuda hechas en la administraciones Herrera y Duarte no tuvieran ya ahorcado a estado.

Esto no es un problema partidario ni ideológico. Es un problema de Estado y es aquí cuando se precisa de grandeza para resolver a favor del interés público, no de facciones ideológicas. Por pertenecer a una administración claramente calamitosa, tanto el gobernador Ríos como el secretario Pellegrín están obligados a interceder con buenos oficios frente a la federación para dar solución a un problema que parte por el eje a los gobernados. Y debe hacerlo acompañado por representantes del próximo gobierno para evitar suspicacias y desvíos.