Política

¿Quién ganó en Veracruz?

junio 24, 2016

 Apartir de los comicios del pasado cinco de junio el estado de Veracruz se convirtió en un registro histórico; en un laboratorio para el análisis político plagado de obviedades; pero, sobre todo, en una experiencia social que puso de manifiesto la capacidad de respuesta y de indignación de la sociedad luego de décadas acumuladas de desigualdad, postración económica, injusticia y, recientemente, de escandalosa inseguridad y abierto latrocinio del patrimonio público con la absoluta complacencia de autoridades federales e instancias representativas estatales, como el congreso local y los anodinos órganos auditores, cuyos argumentos contables y procedimentales funcionan como auténticas tapaderas de la cloaca.

Una coalición del PAN y el PRD obtuvo el triunfo con un inefable candidato que tuvo el mérito de negociar con las dirigencias nacionales, sobreponerse a distintos señalamientos y superar las resistencias internas. Pero este mejunje tiene explicación, porque desde la formación del Frente Democrático Nacional en 1988, los rupturistas al interior del PRI migran y encuentran reacomodo en algún lugar del espectro político y han sido capaces de desdibujarlo o transformarlo en un híbrido irreconocible. ¿Acaso Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador o Manuel Bartlett tenían trayectorias políticas inmaculadas y convicciones de izquierda cuando llegaron a pisar el terreno de la oposición? ¿Quiénes de la izquierda histórica mexicana –ya en extinción– coincidieron en cuanto a principios ideológicos, estrategias políticas y programas de gobierno con ex priístas disidentes? A esta distancia, tanto el PRD y Morena resultan ramificaciones o excrecencias de un priísmo decantado y tenue que no podrá ir más allá de lo que su naturaleza le permita.

En aras de acelerar la transición y posibilitar la alternancia, o simplemente por asegurar la fluidez de las élites políticas desplazadas, las alianzas o fusiones interpartidistas cobraron carta de naturalización; de tal forma que hoy casi nadie se sorprende de la coexistencia de personajes disímiles de la política arropados bajo la misma bandera. Este es el escenario en Veracruz luego del triunfo oficial de Miguel Ángel Yunes Linares como gobernador. La pregunta crucial es ¿qué representa el nuevo ejecutivo estatal en cuanto a plataforma para afrontar los acuciantes problemas en la entidad? No se trata de cargar con el archiconocido pasado de Miguel Ángel Yunes como una loza que impida avanzar, porque de lo que no existe duda es de su estirpe de animal político, entendida esta como una peculiar combinación –muchas veces nociva– de autoritarismo, intolerancia, negociación asimétrica, ausencia de fisuras en su personalidad, paciencia estoica, escrúpulos siempre en tela de duda, apego a la vida palaciega, y simple colmillo retorcido.

La agenda impuesta por las circunstancias deberá determinar la ruta que el gobernador electo asuma en el corto y mediano plazos; no la propia ni la de los dos partidos que impulsaron su candidatura, que por cierto apenas si figuraban como fuerzas políticas relevantes en el estado. El mandato es un imperativo ciudadano que encontró en las elecciones el espacio propicio para manifestarse, pues en condiciones de debilidad de la sociedad civil, el único recurso a la mano es la vía electoral. Miguel Ángel Yunes tendrá su particular lectura del proceso, y ello incluye las aspiraciones de toda su vida, pero hoy las condiciones no son las mismas que cuando operó como secretario de gobierno. Tan no es así que ahora, ¿quién lo diría?, celebra su triunfo en la Plaza Regina Martínez, escenario de tantas manifestaciones de protesta que fueron monitoreadas por su equipo de inteligencia –esto es un mal chiste– para neutralizar a los actores sociales y desactivar conflictos políticos durante el gobierno de Patricio Chirinos.

Una previsible agenda ciudadana que debiera coincidir con la del nuevo gobierno, incluiría, por lo menos:

1. La definición de una estrategia coherente e integral en materia de seguridad pública e impartición de justicia que no reproduzca las insuficiencias de los enfoques convencionales acerca de la violencia, el crimen organizado y las estructuras operativas de las agencias policíacas.

2. El saneamiento de las finanzas públicas estatales; la reparación del daño patrimonial y la consignación y castigo de la pandilla de atracadores que expoliaron a los veracruzanos. En este estado de emergencia, urge garantizar el subsidio la Universidad Veracruzana como responsabilidad ineludible del estado; así como la reestructuración del Instituto de Pensiones del Estado, la reposición de su reserva técnica y su conducción por un cuerpo colegiado representativo y no por un burócrata gris y un consejo de administración que cínicamente han autorizado el pillaje de los fondos de pensiones.

3. La reactivación de la economía estatal incentivando las inversiones en áreas diversificadas y competitivas; y alentando a los productores del campo aprovechando su vasto conocimiento, la enorme riqueza de las vocaciones productivas locales y el uso racional de los recursos naturales. Junto con ello, es urgente la rehabilitación y el desarrollo de una red carretera que integre mercados intra e interestatales.

4. El combate frontal, profundo y persistente de la pobreza, no tan solo con políticas sociales de bajo espectro, sino con recursos efectivos que estimulen el empleo en los sectores sociales más vulnerables y que atiendan las demandas del mercado de trabajo, sobre todo aquella que proviene de la amplia franja demográfica de los jóvenes, hartos de exponerse en los cruceros haciendo malabares con su vida, o atendiendo establecimientos del inframundo laboral.

5. Atender prioritariamente los rezagos del sector educativo, igual con visión de estado y de largo plazo; yendo más allá de la mal llamada y peor instrumentada reforma educativa, incorporando en esta estrategia a la diversidad formativa de profesores, y reconociendo y superando las condiciones materiales y sociales en las que se resuelve atrofiadamente la educación en Veracruz. Está claro que la actual reforma como sanción administrativa o laboral tiene un carácter punitivo que poco o nada contribuye al proceso de formación de los conocimientos y destrezas suficientes y necesarios, en la base magisterial.

6. Crear nuevas formas de relación con los medios de comunicación que permitan establecer nexos entre el estado y la sociedad. Un ejercicio de legitimación necesario, por un lado, y el uso irrestricto de la libertad de análisis y de crítica, por el otro. Se deben depurar los medios dejando que estos dejen se ser la caja de resonancia oficial y oficiosa del gobierno, atada a los recursos públicos y se atengan al reconocimiento de sus lectores y audiencias de las cuales puedan subsistir. La prensa en el estado, salvo honrosas excepciones, ha jugado un papel nefasto y se ha convertido prácticamente en territorio cómplice que ha pretendido acallar inútilmente la voz pública a punta de primeras planas e inserciones vergonzosas a favor del gobernante. Y algo se tendrá que hacer con esa aberración de televisión pública que es TVMás.

7. Por último, y no por ello menos importante, se requiere el reconocimiento y el impulso de una política cultural que reactive los diversos atributos que confieren integridad e identidad a los ciudadanos, donde todos se vean reflejados bajo formas de coexistencia que van más allá de los conflictos e irritaciones que los gobiernos provocan en el cuerpo social. Otro de los agravios del régimen de Javier Duarte fue el haber aniquilado los escasos eventos culturales y groseramente ignorado las expresiones artísticas. En una situación de crisis, la cultura, se sabe, es una tabla de salvación; y en cualquier momento, es una forma de vida que se sobrepone a políticos ignorantes.

Si lo anterior fuera poco, el nuevo gobierno tendrá todo el tiempo para mirarse a sí mismo y resolver los problemas como si fuesen asuntos banales y de rutina. Si así ocurriese, el desencanto de la sociedad veracruzana no tardará en asomarse y mostrar su rostro indignado. Si Miguel Ángel Yunes comprende este contexto y no lo contamina con el regocijo personal de haber culminado las aspiraciones políticas de su vida, probablemente estaremos ante formas inéditas en el ejercicio del poder y se sentarían las bases para el rescate de la entidad, por lo menos. Él tiene esta gran oportunidad, pero tendrá que superar la parte obscura de su biografía política, que tanto pesa en la memoria de los veracruzanos; y no bastará que el PAN y el PRD estén bien dispuestos a limpiarle la cara.