Política

Elección

junio 12, 2016

Lo ocurrido en la jornada electoral del 5 de junio no sólo en el estado de Veracruz, sino en todas las entidades federativas que tuvieron elecciones es verdaderamente histórico.

Fue un día agridulce para la democracia mexicana: mientras por un lado, se vivieron las elecciones menos aseadas de las últimas dos décadas, plagadas de guerra sucia, y triquiñuelas políticas; por otro, mediante una participación ciudadana destacable y un voto razonado se hizo patente que vivimos en una democracia, y que esta es cada vez más madura.

La ciudadanía utilizó el voto de castigo y en la gran mayoría de las gubernaturas en liza habrá alternancia: Veracruz, Quintana Roo, Durango y Tamaulipas, que nunca habían conocido otro color, junto con Chihuahua y Aguascalientes pasan a manos del Partido Acción Nacional; en los primeros tres casos con su nuevo partido satélite, el Partido de la Revolución Democrática, mientras que Sinaloa y Oaxaca que se encontraban en manos del PAN, regresan a manos del Partido Revolucionario Institucional. Por otro lado, la ciudadanía premió los gobiernos priístas de Hidalgo, Zacatecas y Tlaxcala, así como al gobierno panista de Puebla, permitiéndoles mantenerse en el poder.

Sin lugar a dudas, cada elección tuvo sus particularidades. En aquellas entidades en los que el gobernante goza de un buen porcentaje de aprobación, los partidos en el poder repetirán, y aquéllos en los que imperó el mal gobierno, deberán entregar la estafeta a otro partido.

Si bien, sostengo que a mi juicio el mejor candidato para gobernar Veracruz era Héctor Yunes Landa, también aplaudo la determinación de la ciudadanía para castigar a un gobierno que no supo estar a la altura de sus gobernados, y que se caracterizó por manejos oscuros, el fracaso del Estado como garante de la seguridad del gobernado, y malos manejos económicos, esto por decir lo menos.

Estamos cansados de simulaciones y creemos que la ilegalidad debe ser sancionada. Espero que la jornada que se vivió sirva de aprendizaje para la clase política. Queremos gobernantes, no saqueadores, los partidos políticos deben refundarse.

El PRI perdió el gobierno en cuatro entidades federativas y ese es un mensaje que hay que saber escuchar. Los partidos deben deshacerse de los falsos liderazgos, eliminar viejos vicios, y presentar verdaderos líderes, pero no sólo eso; no se pueden conformar con buenos candidatos, deben postular a personas preparadas, con capacidad para gobernar y de probada honestidad.

De igual manera se hizo patente que, si bien las encuestas, en principio, son un buen recurso estadístico, cada vez son menos creíbles precisamente por las malas metodologías y el cuchareo tendencioso de sus resultados.

Ganó la voluntad popular, y el resultado puede gustarnos o no, lo que no podemos hacer es cerrar los ojos ante la inconformidad y hartazgo social, que clama por paz pública, transparencia y rendición de cuentas, trabajos remunerados entre muchas otras legítimas demandas.

Espero que esta experiencia sirva a quienes pronto serán gobierno, para que se comporten con probidad, honradez y contribuyan al desarrollo social, de manera pareja y sin distingos. Ya la población sufrió demasiados vapuleos y vejaciones. Ojalá que pronto también sepamos votar por candidatos y no por partidos políticos, las familias de las personas no las describen, de igual manera que no lo hace su filiación partidista.