Política

Sobre la seguridad pública

abril 05, 2016

Más allá de las alusiones y propuestas sobre seguridad pública que pergeñen los candidatos y sus equipos, existe el hecho incontrovertible de que la inseguridad pública ahoga al estado.

Veracruz ostenta el nada envidiable segundo lugar delictivo del país, según los datos aportados por la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados. Dudosa distinción que comparte con el estado de México. Dato divulgado por el presidente de tal comisión, Jorge Ramos Hernández.

Los legisladores especializados en la materia atribuyen el fracaso de los esquemas instrumentados en estas entidades federativas al vínculo existente entre organizaciones criminales y el gobierno. Curiosamente los gobiernos mexiquense y veracruzano han optado por el esquema centralista del Mando Único.

No es probable que el problema obedezca a razones mono causales; aunque el vínculo entre gobiernos y organizaciones criminales sea la variable determinante. El problema es definido por otras variables que son igualmente importantes como la debilidad institucional de los cuerpos de seguridad, la capacidad investigativa del estado y una suma de variables menores que, en conjunto, generan las condiciones propicias para la corrupción, los acuerdos informales y el retraimiento del Estado. Una de las consecuencias no deseadas de las imitaciones extralógicas neoliberales.

El caso es que la crisis de la seguridad pública es tan grande y estructural que en no pocas ocasiones la guerra entre organizaciones criminales se acerca mucho a escenarios de guerra civil.

Cosas que han sucedido en lugares tan destacados como Guadalajara, Monterrey, Boca del Río, y en prácticamente la totalidad de Veracruz. En general, puede decirse que la solución es incierta; que depende no sólo del cambio de mentalidades y capacidades de los gobiernos, sino también del cambio de actitud de los gobernados para que exijan, presionen y vigilen activamente el quehacer de esos gobiernos.

Puede reforzarse la presencia de fuerzas armadas del Estado, pero hacerlo sin un esquema comprehensivo del problema termina siempre por revertirse en contra de la sociedad; no sólo por las limitaciones implícitas de tales esquemas, cosa sabida de sobra por los veracruzanos, sino por los peligros implícitos de fuerzas militares en la calle.

El asunto es muy serio y los esquemas autoritarios simplistas complican las cosas.