Política

Miseria municipal

febrero 05, 2016

Durante décadas de gobiernos neoliberales, ha habido un debilitamiento consistente de dos ejes sustantivos en la formación moderna del Estado mexicano: el ejido y el municipio. Al ejido lo pulverizaron; al municipio lo han debilitado consistentemente con la justificación de la seguridad y el combate al crimen organizado.

Hace dos años, el Ejecutivo Federal envió al Congreso dos reformas en materia de seguridad y justicia, que carecían de un diagnóstico claro de las debilidades institucionales que han conducido a los gobiernos locales al sometimiento, dada la impotencia frente al crimen organizado. Las propuestas de ambas iniciativas debilitaron y apuntaban a la desaparición práctica de las atribuciones de los municipios. En contra del elemental principio democrático que tendería a fortalecer sus capacidades y respetar el ejercicio de una autonomía plena.

Debilitar al municipio es debilitar a la ciudadanía, la federación debería ser una dimensión subsidiaria a la autonomía municipal. Pero eso nunca ha sido así en este país.

El contenido argumental de la crisis política es que los municipios peligran de forma integral por la debilidad de la seguridad pública. Hace sentido si nos atenemos a la debilidad crónica municipal. Pero cualquier pensamiento político serio, y auténticamente democrático, obligaría a colocar a la federación como un lugar subsidiario general, no como un ente que concentra todas las funciones y potencias de la nación.

Consistentemente, la federación hace más por el debilitamiento de los municipios: los Mandos Únicos son prueba palmaria. Es verdad que frente a la potencia del crimen organizado, las capacidades municipales son avasalladas. Especialmente en los municipios más pobres que no tienen recursos para enfrentar sus problemas de seguridad y rezago social y por lo tanto, están en la indefensión total.

La autonomía municipal es completamente nugatoria cuando los gobiernos locales, a propósito de la Ley de Coordinación Fiscal, no pueden recaudar de manera eficaz y autónoma.

Sobran las señales de que México precisa de una reconfiguración institucional profunda. Refundar la república.