Política

Rescate de la difusión cultural

febrero 18, 2014

En el documento titulado “Tradición e innovación”, la actual rectora mencionó que se debería “recuperar” la Difusión cultural, pues se le restó importancia al supeditarla a un área académica, y, mediante un acuerdo aprobado por el Consejo Universitario, le devolvió el status que tuvo antes como Dirección General de la cual dependen todos los grupos artísticos y ahora también la Casa del Lago y la Dirección de Comunicación de la Ciencia.

En otras palabras, la nueva rectora re-estructuró la administración dándole en ese marco más importancia a la difusión cultural, estableciendo como innovación una Dirección de Comunicación de la Ciencia, que tiene como antecedente el programa sabatino de conferencias, y donde puede haber novedades, pero por lo demás no se ve claro qué piensa hacer para recuperar verdaderamente esa actividad.

Esther Hernández Palacios, que se hizo cargo de la restaurada Dirección General de Difusión Cultural, anunció por su parte que además de la Dirección de Comunicación de la Ciencia y la Coordinación de Grupos Artísticos, se crearán dos nuevas coordinaciones que se encargarán de difusión de literatura y de artes visuales.

En otras palabras, se va a aumentar la burocracia que obviamente absorberá una parte (seguramente la mayor) del presupuesto destinado a esas actividades.

Se cae de nuevo en el error que ha plagado la difusión cultural en este país, donde por lo general no hay recursos para organizar conciertos, exposiciones, conferencias, porque todo se gasta en pagar los sueldos de los empleados administrativos.

La burocracia ha sido la plaga que devora los recursos que se deberían destinar a pagar los viáticos de los artistas y los gastos necesarios para transportar sus obras y montarlas en los recintos.

Desde hace años, los estudiantes avanzados de Música ofrecen recitales dominicales en el auditorio del Museo de Antropología, y se podrían presentar en otros auditorios, para hacer tablas, pero no hay recursos para pagarles los gastos de transporte y aojamiento, imprimir carteles y programas de mano.

No se les apoya debidamente, lo sé muy bien, porque tengo una hija pianista, y hace años me tuve que poner a organizarle recitales por todas partes, y pude apreciar como ganaba confianza y seguridad a medida que se presentaba en público.

En cierto momento, le sugerí a Manolo Zepeda que organizara un ciclo de recitales en el Distrito Federal con los mejores estudiantes de música, pero me dijo que no tenía presupuesto para llevarlos a tocar.

Y lo mismo pasa con los estudiantes de artes plásticas, que por lo general sólo logran exponer en su propia galería.

Por todo me parece completamente erróneo que se malgasten los recursos que se deberían destinar al apoyo de los artistas emergentes.

Desde luego, hace falta que alguien organice los recitales y conciertos, exposiciones y conferencias, pero no tienen que ser empleados.

Hace falta un voluntariado.

Así se hace en Francia y otros países, donde todo eso lo hacen personas “benévolas”,

y aquí en la Universidad Veracruzana se puede aprovechar a los jóvenes que hacen su servicio social.

Hace poco la rectora mencionó que a muchos de esos jóvenes los tienen sirviendo café en algunas dependencias, y hay que involucrarlos en la difusión cultural.

Esther Hernández Palacios debería saber, por su experiencia en el IVEC, que la burocracia es la plaga de la difusión cultural, por lo que hay que reducirla al mínimo indispensable y no aumentarla, como pretende.

La reestructuración de la Dirección General a su cargo es errónea, porque implica el aumento de la burocracia y malgasto de los recursos que se deberían dedicar a apoyar a los jóvenes talentosos y en general a los artistas.