Política

Notas sobre un protométodo

febrero 17, 2014

Como lo imposible

por fin hecho

Como si alguien de veras

me quisiera

Como si al fin

un buen poema me saliera

una oración...

una oración...

Como si la arena

cantara en el desierto

los cantos de sirenas

en el Mar Muerto…

de una canción de Joaquín Sabina.

El pensamiento flota a la deriva, sin brújula y sin mapa que oriente su errante navegar. En cuanto a mis propios pensamientos, aseguro que se producen de la misma manera en que se producen los glóbulos rojos en mi torrente sanguíneo, en la misma forma en que la sutil maquinaria celular, en cada uno de mis tejidos, recibe los insumos necesarios y los transforma en moléculas especificas indispensables para mantener esa entidad llamada mi cuerpo y sus derivados. Les aseguro que respiro, sin que mi voluntad cuente para mucho. La atención se mueve de un tema a otro, de una palabra a otra. Tal vez al resolver un problema matemático, al jugar ajedrez, al cantar una canción ya memorizada, la mente puede concentrar la atención en una sola dirección por un tiempo corto.

Si me piden que diga algo –que piense algo y que lo diga, que elabore un pensamiento y lo plasme en palabras o en otros signos lingüísticos- sobre la flor casi marchita que tengo ante mis ojos, lo primero que se me ocurre es describirla de acuerdo a mi percepción: pétalos alargados de color naranja, flácidos ya, su centro de un amarillo intenso y grande. Verla ahora me entristece; recuerdo el día que la trajeron, llegó brillante, erguida, fragante y en mi pensamiento surge sin yo desearlo la pregunta ¿Y por qué se arrancan las flores del suelo para colocarlas en un florero que adorna el centro de una mesa con el propósito supuesto de levantar el ánimo de quienes se encuentren en su alrededor? A esta flor naranja la acompañan en el florero otras flores vencidas por la misma tristeza. En unas horas irán a parar al bote de la basura y otras flores frescas, fragantes, radiantes, las sustituirán en el florero. Mi pensamiento se mueve ahora hacia preguntarse qué clase de flores son estas. Lucen exóticas. ¿Se cultivarán en México? ¿Son importadas?, ¿Cuáles serán los medios de su cultivo: en invernaderos o al aire libre? ¿De qué especie son?, ¿Cómo son sus ciclos reproductivos? ¿Por qué son tan brillantes los colores de sus pétalos, unos amarillos, otros color naranja o rojos? ¿Serán colores artificiales? ¿Cómo es que las flores pigmentan sus pétalos? ¿Qué función tienen esos colores específicos?, ¿Por qué algunas flores son moradas y otras son blancas?. En ciertas especies, ¿el amarillo, es imposible? ¿Y la forma de los pétalos? ¿Por qué alargados en este caso y no en forma de trébol o corazón? ¿Estas flores provendrán de cepas creadas artificialmente, es decir que no se encuentran en estado natural?

Siendo absolutamente ignorante de los misterios de la vida vegetal, comienzo a preguntarme mediante qué mecanismos la flor va conformándose desde que la semilla germina ¿está la flor en “potencia” en la semilla?

Sé que un proceso importante para la vida de las plantas es la fotosíntesis, proceso mediante el cual, la planta transforma la energía luminosa que recibe del sol en energía bioquímica, que es la base de muchos otros procesos inherentes a esta forma de vida.

Me pregunto también, sin intención alguna, dejándome llevar por la plácida deriva del pensamiento, ¿por qué las flores son tan apreciadas por los seres humanos? En mi caso los colores y la forma de los pétalos me estimulan, me excitan, me gusta ver flores en el campo, en los jardines, y en este momento recuerdo su persistente presencia en la poesía, al menos en la que ha estado a mi alcance. Se acostumbra regalar flores a una mujer para halagarla o seducirla, se les da un significado amoroso o erótico. Los nahuas ligaban la flor y el canto (¡Oh señor Netzahualcóyotl!). Seguramente hay historias reales, cuentos y leyendas donde alguna flor ha sido la causa de acontecimientos memorables. De mi pensamiento brota el recuerdo de que la flor de cempazúchitl, usada en el ancestral culto a los muertos (el camino al Mictlán está cubierto por pétalos de esta bella, sensual y aromática flor), y de mi memoria surge un dato: aún cuando la flor de cempasúchil es originaria de México, ahora la semilla que usan los floricultores nacionales es importada: un saco de importación con 500 semillas cuesta 20 pesos, en tanto que por la misma cantidad de semilla nacional hay que pagar mas de 200 pesos. ¿Qué tan importante es la floricultura en la economía nacional?.

Ahora pienso que no sería tan difícil -dada la encantadora simetría de la corola de estas flores que tengo frente a mí- escribir un programa de computadora que genere en la pantalla del monitor, en tres dimensiones, flores de diversos colores, tamaños y formas variadas; su geometría es relativamente sencilla: un centro circular del que parten los pétalos como rayos apuntando simétricamente en todas direcciones. ¿Habrá flores con centros triangulares? ¿Puede haberlos?, ¿por qué no podría haberlos? ¿Habrá pétalos con estructuras fractales? ¿Cuánto habrán costado estas flores?

Ahora me surge el deseo de poder observar a una escala más pequeña la estructura del pistilo y de los pétalos, me agradaría ver un esquema de la estructura celular de estas flores y una película animada del proceso de su gestación, de su crecimiento, del proceso de coloración de sus pétalos; de lo que ocurre en las tuberías de su tallo, quisiera imaginar la forma de sus raíces y ser capaz de ver (o imaginar) la forma en que el agua y los nutrientes fluyen en el interior de este complejo organismo. ¿Estas flores son de climas cálidos o templados? Si aparecen en la naturaleza ¿en que clase de ecosistemas sobreviven? ¿Tendrán propiedades alimenticias o medicinales? En general ¿qué es una flor? ¿Cómo ha sido la evolución del mundo vegetal? ¿Cómo y cuándo se originó? Me digo que la botánica, la herbolaria y la floricultura son campos de conocimiento muy interesantes.

Ahora recuerdo que siendo niño un amigo me regaló algunos gusanos de los que producen la seda. Había que alimentarlos con hojas de mora exclusivamente. Pasado un tiempo fabricaron su capullo con la seda y se encerraron en él. Después de unos días salieron unas maripositas bastante feas y volaron dejando atrás los capullos de seda. Nunca supe cómo se extrae de ahí el hilo de seda. Mundo animal, mundo vegetal, sólo plasmo lo que mi pensamiento va bordando sin un orden preciso, no tenia la intención de pensar en la flor, ni mirarla siquiera, quería pensar y escribir sobre un protométodo: la flor estaba frente a mí y dejé que el pensamiento revoloteara alrededor de esta flor marchita, de esta triste flor cuya presencia me embarga también de tristeza, pero a la vez me sobresalto por la belleza de sus colores, me exalta aún esta belleza marchita. Si dejo que mi pensamiento se mueva libremente alrededor de esta hermosa flor que se exhibe ante mi, me acerco a la totalidad de la flor; si no cerceno su realidad mirándola solo desde un ángulo (teórico, afectivo, práctico…).

Siempre me ha parecido interesante que los vegetales estén fijos en donde nacen, no pueden moverse de ahí, lo que necesitan tiene que llegar a ellos por vía del aire, el agua o la tierra.

El pensamiento marcha a la deriva, me resulta difícil dirigirlo en una dirección determinada. Si escribo siguiendo la errancia de mi pensamiento alrededor de un tema, una imagen, una presencia, una idea, una observación, al menos el pensamiento gira alrededor de lo que constituye mi interés. Si lo dejo derivar sin alejarse mucho de tierra firma (exploración-deriva) van brotando otros pensamientos, otras ideas y me doy cuenta que son ya muchas preguntas sobre lo que constituye el enigmático objeto de la reflexión.

Si intento apegarme a un método o a un marco teórico para pensar el objeto de mi interés entonces lo que opera es una clausura de la realidad, se efectúa un cercenamiento de la realidad y entonces no se piensa en el objeto sino en el aspecto mutilado por la operación de clausura (método-marco teórico) y se obscurece la articulación del “objeto” con la totalidad en que se inserta, se pierden de vista las articulaciones de los diversos niveles (la realidad se congela, se reduce a términos objetuales).

Me pregunto si es posible fundar un “protométodo”, que suelte las amarras del pensamiento, que lo impulse a la pregunta abierta, dejándolo a la deriva, proponiendo teorías imprudentes, hipótesis vacías o absurdas, abierto a la carcajada; que preceda y anticipe al método, basado en consideraciones que puedan traducirse en una propuesta pedagógica –es decir que pueda socializarse- y enriquezca las formas de generar conocimiento.

Mi experiencia académica me señala que sí, que sí es posible fundar una práctica de la investigación y la docencia en un enfoque de este tipo, en un exaltante y fructífero protométodo.

(El “protométodo” está patentado, y tanto la patente como el copyleft están registrados a nombre de Mané. Quien se interese en explotar la patente o en obtener una jugosa concesión favor de dirigirse al agente de ventas de Mané, Quincas Borba, quien puede ser localizado en las páginas de alguna novela de Joaquín Machado de Asís.)