Política

La Faena

septiembre 05, 2013

El término “insurgencia magisterial”, acuñado por la CNTE para caracterizar el movimiento en protesta por la reforma educativa del gobierno de Peña Nieto, tiene todas las características que la teoría sociopolítica le confiere a las situaciones de crisis, no sólo porque se trata de lo que parece ser el inicio de un cambio cualitativo de las relaciones tanto al interior de los sindicatos con sus bases, como de las relaciones de éstos con el Estado... Lo que estamos viendo parece ser el inicio de una ruptura inesperada en el funcionamiento del sistema y de la relación gobierno-sociedad, además que por su instantaneidad y presencia nacional, al margen de siglas y liderazgos, adquirió un carácter de impredecible, porque a todas luces se ve que el gabinete federal no calculó bien a bien el potencial alcance de las marchas y plantones... Naturalmente que luego de que concluya la crisis magisterial –sea cual sea el resultado que los mentores logren, aunque se ve difícil la marcha atrás– es de suponerse que las cosas ya no podrán ser iguales, claro está, dependiendo además de la respuesta por la que el régimen opte: negociación o represión... Por lo pronto, la única respuesta del gobierno peñista es seguir adelante con sus planes de reformas y eventualmente, apostándole a que el movimiento se pudra y agote interiormente, ayudado por la intensa campaña mediática televisiva de satanización del magisterio, o que se logre alguna clase de negociación en la que podrían quedar fuera los liderazgos formales para darle el paso a emergentes-naturales, surgidos de cara al descontento por la tibieza mostrada por sus líderes tradicionales... Asi pues, parece ser que Peña Nieto le apuesta al hecho de contar con el tiempo suficiente para contrarrestar esta primera crisis o, quiza, dejar que eventualmente se junte con la próxima manifestación antirreforma energética, que se espera para el próximo domingo 8 de septiembre... Entonces, la Federación no tendría dos frentes, sino que es probable que especulen con los tiempos para juntar ambos movimientos, tomando como punta de lanza la capacidad de las televisoras y otros medios oficialistas para tasarlos bajo el mismo rasero con que han pretendido etiquetar de violento e incongruente el movimiento... Por lo pronto, este comportamiento colectivo del magisterio no tiene nada de irracional como se quiere hacer creer pero sí altamente rupturista, en particular con las dirigencias que se han caracterizado por su funcionalidad y servido como contenedoras de la inconformidad social. De hecho, la crisis esta poniendo en entredicho también al sistema de partidos, porque bajo acuerdos cupulares, estas “representaciones sociales” le dieron, como afirman los profesores, “puñalada trapera” a sus electores... Además de que los 12 años perdidos del panismo y sus herencias de pobreza, corrupción e inseguridad naturalmente sirvieron para acentuar la notable alta tensión a la que Fox y Calderón sometieron a la sociedad mexicana, sin embargo, desde la altura de Los Pinos, Peña Nieto y su gente no tuvieron la capacidad o no quisieron darse cuenta que el estado de las cosas no está como para seguir apretando a la gente... Y se metieron, confiados en su acervo de mañas, trastupijes y corruptelas enquistadas en el sindicalismo oficialista, en una aventura cuyo costo le puede salir mucho muy caro al país, pues de no desactivarse por medio del diálogo y la negociación el conflicto del magisterio, quién sabe qué pueda pasar... A propósito, los dirigentes de las secciones 32 y 56 del SNTE, Juan Nicolás Callejas como dirigente formal y Manuel Arellano Méndez respectivamente, no han salido a dar la cara por sus agremiados; parecen seguir esperando a recibir línea para saber qué decir. Probablemente cuando decidan hacerlo se lleven la sorpresa que ya no tienen bases a quiénes seguir “representando”.