Política

Los serios bemoles de los cruzados del hambre

abril 30, 2013

La denuncia de los cafeticultores del estado respecto a un supuesto convenio entre el gobierno federal, Sedesol, y Nestlé para que dentro de la cruzada contra el hambre, se reparta en desayunos escolares un sobre de café capuchino con 60 por ciento de azúcar y siete por ciento de café instantáneo, de ser cierta, relevaría con inapelable crudeza las tremendas limitaciones conceptuales de diseño y operacionalización de la cada vez más controversial cruzada. Son muchas las ocasiones en que La Jornada Veracruz ha denunciado y documentado las tremendas condiciones que se imponen a los productores de café veracruzano y la sospechosa ausencia de políticas públicas estatales para fortalecer a los productores de café del estado y proyectarlos en el mercado internacional. Los productores coterráneos sufren sobre bases diarias una suerte de dumping alentado por las propias autoridades al permitir que el mercado sea inundado de marcas de café chatarra y escamotear el soporte a los productores estatales para su comercialización en todos niveles.

De instrumentarse acciones como las que nos previenen los productores, estaremos frente al paradigma de la estulticia y de la falta casi deliberada de planeación seria, profesional, de políticas públicas con la eventual integración de empresas privadas.

Se dice que el costo del bastimento de azúcar con café será de siete pesos por ración, ello significaría que por cada kilogramo de café soluble obtendrían mil 800 pesos, mientras que un quintal (500 kilogramos) de café en grano es pagado a mil trecientos pesos. La diferencia es, por decir lo menos, ofensiva. Más aún cuando la ausencia una política publica para proteger el patrimonio productivo y cultural de café pareciera desde hace años estar deliberadamente amenazado por los gobiernos que están supuestos a protegerla y promoverla a fin de hacerla competitiva.

Desde el salinato, parece entenderse que hacer competitivo al país significa desarmarlo de todo tipo salvaguardas para arrojarlos a una tina con tiburones. Es idiota.

Desde cualquier punto de vista incorporar a las transnacionales alimentarias como Nestlé y Pepsico a un esfuerzo de la naturaleza estratégica como la lucha contra el hambre, que debiera ser nacional y el instrumento para reconstruir los sistemas de distribución desmantelados en los últimos treinta años, de la misma forma que debieran ser instrumento de la reactivación de la capacidad productiva del campo mexicano dirigida al mercado interno. Línea de pensamiento opuesta desde luego a los dogmas libre comerciales y proclive a la globalifobia pero que, por cierto, en nada se diferencia de los esquema norteamericano y europeo de protección a sus agricultores.