Burocracia y su calidad de compromiso
/ lunes, agosto 20, 2012
No hace falta hacer un gran esfuerzo de observación para constatar las graves disfunciones en el desempeño institucional en el estado. Las propias, no aquellas que derivan del mal desempeño del gobierno federal. Ejemplo palmario de ello es la desatención con la que el Instituto Veracruzano de Acceso a la Información (IVAI) ha tratado el mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para entregar el expediente completo que existe en la Procuraduría General de Justicia estatal sobre la primera víctima notoria –baja colateral para efectos gubernamentales– de las decisiones del presidente Calderón. El expediente de Ernestina Ascencio, de Soledad Atzompa.
A preguntas directas de la reportera de La Jornada Veracruz, la consejera presidenta del IVAI contesta con fárragos verbales que responden formalmente pero que son de contenidos nulos. La desinformación, ficticia o real, justificada por tiempos vacacionales. Como si los ministros de la SCJN y los consejeros fueran meros tinterillos de alguna burocracia paquidérmica.
El derecho ciudadano a saber de lo que lo afecta conculcado por las consideraciones valorativas de consejeros funcionales a intereses varios excepto los ciudadanos.
Algo similar pasa cuando se mide la “productividad” de los que forman el Congreso estatal. El estado desgarrado por la violencia criminal, afectado en su vida cotidiana por la presencia de diversas fuerzas armadas, con una astringencia financiera paralizante y con problemas serios para compensar y atender asuntos acumulados por desastres naturales; con la agresión nada velada de empresarios depredadores, piratas de cuello blanco en pos del oro disuelto en la tierra veracruzana, y los representantes populares como pasmados de iniciativa. Como cuadripléjicos intelectuales que apenas si alcanzan a medio articular dos iniciativas de ley en promedio.
Tal es la calidad del compromiso. Existen en el estado demasiados escenarios que reclaman atención eficiente y pronta como para abrogarnos el lujo inútil de un Congreso desatento y apocado.