Editorial

La revuelta de las tiendas de campaña vacías

septiembre 30, 2020

En los poco más de tres años que duró la guerra cristera (1923-1926), murieron más de cien mil mexicanos en diversos enfrentamientos armados entre tropas gubernamentales y militantes cristeros. De manera previa al conflicto se estableció una bien articulada acción social y militar encabezada por la jerarquía católica, en alianza con grupos de latifundistas y núcleos regionales de opositores a la consolidación institucional de la Revolución de 1910. Así, plantaron cara al naciente estado revolucionario, con el propósito tanto de resistir a ese objetivo de consolidación hegemónica como de recuperar privilegios acotados por la Constitución de 1917.

Solo una institución como la Iglesia católica, por su tamaño e influencia social, tenía los recursos para demandar participación en la esfera pública y del derecho a intervenir en la construcción de un proyecto social compatible con sus valores. La divergencia de intereses y la necesidad de demostrar su fuerza por parte de ambas instituciones cristalizaron en uno de los conflictos armados más cruentos de la historia de nuestro país en el siglo XX.

La Iglesia reaccionó al Estado laico que dispuso, entre otras acciones, la prohibición para celebrar cultos públicos y la creación de un padrón de sacerdotes y monjas. Pero lo que detonó el conflicto sin dudas fue el establecimiento de la laicidad en el espacio educativo, una medida gubernamental claramente pensada para limitar el predominio de la Iglesia en la formación de los ciudadanos, y para crear una identidad nacional bajo el amparo del Estado e independiente de toda doctrina confesional.

Para los católicos esta disposición constituía una amenaza a los espacios que en esta materia habían recuperado ilegalmente durante el Porfiriato, y una violación del derecho de los padres a elegir la formación de sus hijos. La oposición a este artículo constitucional dio origen a la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), que todavía hoy funciona en todas las entidades federativas de la República Mexicana y cuya ideología se expresa con claridad en el discurso y la acción política que ha retomado bajo las siglas del ente denominado Frenaa.

La innegable similitud entre ambas puede comprobarse en que los dos organismos opositores están compuestos por miembros de orígenes heterogéneos, entre los que claramente figuran profesionistas y, en el caso del Frenaa, con la participación de cuadros políticos del PAN que fungen como ideólogos. Otra similitud es que también la actual "revuelta de las tiendas de campaña vacías" no representa una rebelión exclusiva de las masas populares y mucho menos de una lucha espontánea o carente de estrategias, como se ha pretendido sostener en las crónicas de los mártires cristeros; el Frente Antiamlo tiene un claro propósito político que si bien es reducido en cuanto a sus integrantes, no es un tema que se deba desdeñar porque claramente es la punta de lanza de una manifestación que recuerda a los sucesos en Bolivia donde tras el golpe de estado a Evo Morales, los símbolos religiosos formaron parte del discurso político de los golpistas

Así pues, Frenaa y el movimiento cristero coinciden también en la imposibilidad de conciliar un proyecto confesional con el de la 4T, no solo por el rechazo al proyecto lopezobradorista sino por la oposición de sus miembros al grupo en el poder. Esta es otra trinchera a la que se enfrenta el proceso ciudadano que se instituyó por medio del voto en julio de 2018 y que en el nombre de la religión pretende volver al pasado.