Editorial

En breve

noviembre 25, 2020

Rosario Robles está desesperada, por eso hablará. Eso dice su abogado. Tiene sentido luego del anuncio de que su ex mano derecha, Emilio Zebadúa, se acogería a la figura de testigo colaborador. No la tiene fácil; puede pesar el resto de sus días en la cárcel toda vez que la acusan de delincuencia organizada.

La señora Robles debe saber que si habla su dicho debe llevar a indiciar a personajes de mayor envergadura que ella. Solo hay dos por encima de ella: Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto. Así pareciera que nos encaminamos hacia revelaciones que conduzcan al destape del pudridero del sexenio anterior donde la corrupción llegó a niveles patológicos.

Rosario ofrece "proporcionar información cierta, verídica, confiable" para "aclarar las circunstancias y la participación de cada uno de los actores políticos". Esto lo dice en cuanto al asunto de La Estafa Maestra. Las implicaciones para Videgaray y para Peña Nieto podrían ser devastadoras.

Más allá de las consecuencias y castigos potenciales que haya para los protagonistas lo que se juzga realmente es al régimen y las lógicas que sirvieron para justificar y proteger tales niveles de saqueo obsceno.