Editorial

Trasnacionales se apropiaron del mercado cafetalero

febrero 17, 2020

Si bien el consumo del café es una costumbre nacional convertida en tradición cotidiana, sobre todo en regiones cafetaleras, la globalización ha trastocado profundamente y en diversos aspectos tanto a la producción del grano como la situación social del campo y su inserción en el mercado internacional, circunstancia que en poco o nada ha beneficiado a los pequeños productores. De hecho, ahora mismo, los más de 90 mil cafeticultores veracruzanos, catalogados generalmente como pequeños y micro productores, atraviesan permanente una crisis que ha servido sólo para poner en un puño de trasnacionales la notable, por su calidad, cosecha estatal.

Sujetos a los vaivenes de la Bolsa de Valores de New York, donde se fija su precio, la cafeticultura atraviesa por una dramática circunstancia en la que de no mediar la intervención gubernamental, pudiera estar viviendo una prolongada agonía que acabaría finalmente con la ya de por si menguada cafeticultura veracruzana. Sin márgenes de rentabilidad, pues en la tradicional cadena de producción, tostado y comercialización, las grandes ganancias del negocio se quedan en las trasnacionales –circunstancia acelerada desde que el Estado mexicano abandonó su responsabilidad social de darle una mano a los campesinos con insumos baratos, créditos y protección frente a los tiburones trasnacionales que acaparan la producción–, haciendo posible que la ley de la oferta y la demanda opere en un solo sentido, es decir, beneficiando a los grandes acaparadores y maquiladores, y dejando fuera de la jugada a decenas de miles de campesinos. Pero la situación se puso peor a partir de la llegada al país del monopolio estadunidense Starbucks, que con un nuevo modelo de negocios dislocó el mercado de las cafeterías pues a la fecha controla cerca del 50 por ciento; sus competidores más próximos no llegan al 12 por ciento, y el resto queda pulverizado en decenas de pequeños comercios que compiten en condiciones desfavorables. Ninguna de ellas está en posibilidad de competir con las 746 tiendas ubicadas en 61 ciudades de la República mexicana; de hecho, para dicha compañía, México es el segundo país con el mayor número de tiendas en el continente americano, después de Estados Unidos, y el tercero a nivel mundial, debajo de Corea. Más allá de las causas externas como las plagas, el bajo precio designado desde Nueva York, la sobreproducción en países con menor vocación que el nuestro en los que trasnacionales como la Nestlé impulsan la siembra de la variedad robusta, de menor calidad pero de muchísima mayor producción, la cafeticultura también es víctima de la secular corrupción que se ha enseñoreado en el campo y la actividad deshonesta de funcionarios del sector agropecuario incapaces, con escasa imaginación y carentes del compromiso que demanda una actividad de profundo impacto social y económico en el campo veracruzano.