Editorial

Misoginias

diciembre 13, 2019

Existe una relación entre feminicidio y violencia familiar. Veracruz es la segunda entidad donde el feminicidio y la violencia familiar están claramente asociadas. Hace 10 años, Victoria Sau exigía el reconocimiento mundial de un orden patriarcal y su definitiva abolición. La eco feminista Vandana Shiva repetía en una entrevista de hace unos meses que había que frenar al sistema patriarcal antes de que destruya el planeta. Esa urgencia también la tenía Berta Cáceres, asesinada en marzo de este año y víctima de un feminicidio político por custodiar un río en su país, Honduras.

El feminicidio carece de cabal significado si no se la vincula a la palabra patriarcado. Vínculo que construye conceptos y categorías que van adquiriendo respaldo social y asimilación cultural. Eso son los hashtags #NiUnaMenos y #NosQueremosVivas, en torno a los cuales se ha movilizado millones de mujeres en los dos últimos años en casi toda Latinoamérica y España, y que ponen en el centro uno de los principales aspectos la crisis civilizatoria de esta época de oropeles y espejitos de entretenimiento tecnológico. El patriarcado, por su parte, no podría ser sin el despliegue de sus violencias (física, psicoemocional, sexual, patrimonial, ciberviolencia) y que niega o posterga los derechos sexuales y reproductivos, objetivando la violencia institucional.

Son demasiados los pensadores y gurúes de la humanidad que al vaticinar presagios apocalípticos se saltan este concepto y no relacionan la actual crisis civilizatoria con las patologías del patriarcado.

La fabricación de guerras, el neoliberalismo salvaje, los fascismos, la depredación de recursos naturales, todo está íntimamente relacionado con la supremacía masculina. El feminicidio es su manifestación en concreto más brutal.

El asesinato de las mujeres por ser mujeres, siempre ha estado ahí. Desde que el sistema patriarcal fue resguardado por su naturalización y justificación social. Ha estado presente desde la antigüedad hasta ahora. Concepto que puede aplicarse de manera global, que nació en Estados Unidos, viajó a Europa y luego se expandió en América Latina, el continente con las tasas más elevadas de feminicidios en el planeta. Feminicidio es un concepto mestizo y como sostiene Marcela Lagarde, la autora que acuñó el término, despliega a su alrededor toda una teoría con decenas de autoras, entre ellas, filósofas, antropólogas, sociólogas, juristas, escritoras, artistas y activistas feministas que lo han elevado hacia su total reconocimiento, que se enriquece en el debate abierto y se fortalece en su aplicación jurídica en aquellos países en los que se ha tipificado (al menos 15 de América Latina).

La erradicación del feminicidio debe ser planteada a nivel global, con políticas públicas de igualdad y la lucha contra las violencias machistas centradas en la educación y la prevención. Mientras eso sucede, las sociedades locales deben crear las condiciones de cero tolerancia contra la violencia familiar, sobre las mujeres y en la educación familiar y escolar. Veracruz es un estado en el que los gobernantes no pueden darse el lujo de posponer la instrumentación de condiciones y las leyes que desincentiven las distorsiones patriarcales.