Editorial

Nomás no se enteran

noviembre 18, 2018

El gobernador Yunes Linares, al hacer entrega de la carretera Coatepec-Las Trancas insiste en compararse con el impresentable ex gobernador Javier Duarte, preso que purga una condena ultra ligera por atenerse a una modalidad de proceso que, en su caso, es harto cuestionable. Autorreferencial como es, MAYL recuerda que hace dos años el ex gobernador estaba en fuga mientras que él entrega obra. En realidad, el ejercicio comparativo es ocioso, no obedece tanto a la necesidad de establecer las diferencias con su antecesor, como el de reafirmar sus imperativos egotistas.

El que entregue obra está muy bien, las autoridades supervisoras ya habrán de hacer las conciliaciones y revisiones correspondientes.

Pero las observaciones a su gestión de gobierno no tienen que ver con infraestructura, ni siquiera con su estilo autocrático de gobernar, cotidianamente señalado por medios y observadores, como con la situación de inseguridad ciudadana que asuela en todo el territorio estatal y que fue el eje articulador de su campaña y oferta política.

Con puntería perfectible, el ejercicio de autocomplacencia topa con la realidad.

Un nuevo ataque y masacre en un bar en Córdoba acaba con la vida de tres personas y hiere a otras cinco, presumiblemente hecho con por lo menos un arma de repetición. Tres fines de semana consecutivos en los que suceden hechos de sangre en una misma ciudad. Lo menos que puede suponerse es que hay una lucha declarada por territorialidad entre grupos atomizados de delincuentes. Durante el transcurso del día, la ejecución de otras seis personas en Córdoba, Nogales, Fortín y Ciudad Mendoza.

Si estos hechos fueran insuficientes, está la presentación de la obra colectiva de Ediciones Proceso titulada Los Buscadores, en donde diversos colaboradores abordan el espinoso tema de las desapariciones que, en Veracruz, son sistemáticas. No es gratuito que uno de los coautores, Noé Zavaleta, corresponsal de la revista en el estado, describa a Veracruz como una gran narcofosa con varios cientos de cuerpos sin identificar.

El Estado está despedorrado. Sin eufemismos. El Estado es fallido. Reconstruirlo institucionalmente y restañar el trauma social tomará tiempo. Los gobernados jamás deben olvidar los nombres y apellidos de los responsables que lo condujeron hasta aquí.