Editorial

Acción, reacción

julio 18, 2018

En días pasados empresarios acreedores del estado desde el mandato de Javier Duarte tomaron oficinas gubernamentales, fueron desalojados con decisión pero sin violencia. Es bueno enterarse que la fuerza pública es capaz de contenerse. Habrá que esperar el mismo comedimiento en cualquier otra eventualidad, con otras expresiones de protesta.

Bien, se han dado por enterados y regresado a las ventanillas de Sefiplan. ¿Es una derrota? No, no lo es.

Independientemnte de la composición de la facción empresarial de que se trate, si acaso, ha hecho visible lo que no lo era. La negativa de pagar de esta administración. El gobierno ha decidido cribar a los acreedores para verificar su autenticidad y en el camino ha paralizado aún más a la economía del estado. El gobierno yunista llegó montado en el descontento y en la promesa de reparo; parece haber satisfecho ninguna de las espectativas del pensamiento conservador mayoritario en el estado, ni el de las élites ni en las populares.

Y parte de la élite decidió hacerlo público. ¿Podría cambiar en algo? Es improbable, o no. El hecho es que dejaron asentado, físcicamenrte, que reprueban el desempeño de este gobierno. Es algo singular. Coincide, básicamente, con el sentimiento compartido por el electorado de reprobación de la forma de hacer las cosas.

Una fuerza púbica que se depliega contenida mantiene impoluto el prestigio del gobernador sin convertirlo en intransigente represor. Y queda asentado el punto.

¿Pero qué pasa con el dinero adicional por endeudamiento público? ¿Por qué el gobierno incumple de forma tan ramplona con los compromisos adquiridos? ¿Qué beneficio eventual podría obtener de ello? Ninguno, pareciera evidente.

Pero a las élites y a los tomadores de decisiones, la razón pública es algo que no suele interesarles y eso es precisamente lo que explica una derrota tan rotunda de sistema. Si esto será un cambio de élites está por verse, es un proceso de más largo plazo, pero queda claro que es un cambio de paradigma en donde las lógicas convencionales habituales no logran explicar la nueva situación.

Lo sustantivo queda en pié. ¿Qué pasa con los créditos recibidos? ¿A dónde fueron destinados? ¿Cuál es la razón del incumplimiento tan rotundo?

Es improbable que quienes ahora estan el la toma de decisiones dimensionen el tamaño de las implicaciones de este mandato. Es algo que todos en el país aùn procesan y seguirán haciéndolo por meses.

Desalojados los empresarios acreedores, queda por verse la explicación que se merecen por parte del gobierno y la tranparencia de su gestión. Cualquiera de las dos sería una agradable sorpresa.