Editorial

¿Dudas?

noviembre 22, 2017

La violencia macabra en el país tiene responsables. Primero Vicente Fox, quien nunca se interesó realmente en sanear al sistema. Su gobierno desperdició con impunidad el bono democrático para quedar todo en colosal gatopardismo. El último bienio fue acaparado por la violencia entre organizaciones criminales y las carreteras del norte, entre Nuevo León y Tamaulipas, se regaron con sangre.

Calderón, magnífico en su brevedad, enseñó a los gobernados que siempre es posible empeorar y las cifras de la muerte se multiplicaron por miles. El luto y el terror como justificación de la permanencia de un gobierno: 60/90 mil muertos oficialmente reconocidos; 120 mil o poco más en la realidad no oficial.

La violencia soterrada de las discriminaciones entre mexicanos también se multiplicó por miles. El Ejército en las calles sirvió de nada excepto para aumentar eficientemente lo vulnerable de la población civil y la fragilidad endémica de los derechos humanos.

Hacia el final del sexenio siguiente, éste, instalados en franca espiral de ascenso fúnebre. Sólo en el largo fin se semana pasado sacaron de su casa al alcalde de Hidalgotitlán para darle muerte en plena vía pública.

En Nayarit, 12 asesinatos; En Baja California Sur asesinan al ombudsman y a un comandante de la policía ministerial; en Guerrero, 10 asesinatos más en plena celebración revolucionaria. Un alto ejecutivo corporativo de televisa asesinado también, éste en el Estado de México; el congreso norteamericano sistematiza y da a conocer que la violencia en México asciende incontenible en espiral, 24 mil asesinatos en los últimos 10 meses.

Mientras, los tomadores de decisiones y los diputados son incapaces de acordar un nuevo fiscal para delitos electorales y la partidocracia empieza a coquetear con la idea de que no sería tan grave que el fiscal electoral tuviera filiación partidaria.

Por si aún hubiera dudas de que México es decidido no en un sistema político sino en uno de complicidades.

Y si hiciera falta algo, sólo 3 por ciento de las violaciones a los derechos humanos cometida por los soldados en las calles tiene alguna consecuencia legal para los perpetradores. La indefensión en presencia de muchos políticos, muchos legisladores y muchos partidos políticos. Todos millonarios.

En Veracruz, los homicidios y los robos se duplicaron en seis años y en lo que va del año ha habido más de 160 secuestrados. Una madre encuentra a su hijo desaparecido.

Esto no es una crisis de seguridad pública, ni una crisis de incompetencias, que lo es. Es la crisis de un Estado dominado por sátrapas analfabetos y la suma de plutócratas partidarios ansiosos por presentar un frente verosímil que sirva para paliar la aprehensión por la permanencia de dos candidatos antisistémicos en franco ascenso.